Carta a un empleado desmotivado


Querido desmotivado,

 

Qué alentador ¡eh! Pero acaso, ¿no es verdad? Dime si me equivoco:

  • Vas al trabajo en “modo zombie” o con el piloto automático, tus piernas te llevan pero tu alma desea volar hacia cualquier otro lugar. Si encima te cuesta levantarte por las mañanas, suena el despertador y dices “¡no quiero ir a trabajar!”. 

 

  • Cuando estás allí, haces tus tareas con hastío, bien porque ya no te gustan, bien porque las has hecho mil veces y sabes que no hay intención de que cambien, o quizás tienes o tenías ansias de más y te han ido cortando las alas poco a poco.

 

  • Y, ¿qué me dices de tus compañeros? ¡Oh! Son lo único decente en tu día a día. Pero no es suficiente, ¿verdad? O por el contrario, el ambiente está tan cargado que la tensión se podría cortar con tijeras.

 

Podría seguir, pero ya te imagino asintiendo con la cabeza mientras lees. Sí, estás desmotivado y puede ser por diferentes motivos:

 

  • El salario que percibes hace días que no es lo que esperabas.
  • Escasas o nulas posibilidades de desarrollo profesional en tu organización.
  • El ambiente laboral que existe. La relación con tus superiores.
  • La existencia, o no, de conciliación o de diferencia entre tu vida profesional y tu vida personal.
  • Bla, bla, bla…

 

Básicamente, no hay equilibrio entre lo que tú das (o dabas) a la empresa y lo que recibes, y no hablo sólo de salario, tú ya sabes de lo que hablo.

 

desmotivado

Vamos al meollo de la cuestión:

 

¿Haces algo para motivarte? Para solucionar el problema que tienes entre manos.

 

¿Sí?

¿No?

No sabe, no contesta.

 

Pues querido desmotivado, ante cualquier tema que nos incomode tenemos dos opciones. Te contaré, si me permites, una historieta para visualizarlo mejor.

 

Una madre normal, sí, como la tuya y la mía, una madre que es feliz teniendo cada cosa en su sitio y, a poder ser, con todo reluciente. Una madre que ve algo fuera de su lugar y alarga su mano kilométrica para coger el objeto que fuera y devolverlo a su sitio natural y así, poder respirar aliviada.

 

Ella tiene un hijo cuyo umbral del orden y la limpieza está a otro nivel, o simplemente no está. Tiene entonces, un serio problema: no soporta pasar por delante de la habitación de su hijo, la sangre le sube hasta la cara enfureciéndola y regalándole un bonito dolor de cabeza, alimentado por sus deseos de cambiar a su hijo por una mini versión de ella misma.

 

Aquí viene la lección a aprender, atento. Yo la trato de utilizar a cada momento, no veas cómo simplifica la vida que tratamos de enredar.

 

Al final (y también al principio), la madre sólo tiene dos opciones posibles en su rompecabezas:

 

  • Entrar y recoger ella misma la habitación y dejarla tal y como a ella le gustaría.
  • Cerrar la puerta, hacer que no existe y seguir viviendo tranquila.

 

 

Ahora me dirás para qué te sirve esta historia y esta moraleja final. Muy sencillo, tus tareas, tu jefe, tu día a día, tu trabajo, en definitiva, tu motivación no va a cambiar a golpe de dolores de cabeza. Tienes dos opciones posibles:

 

 

  • Sentarte y reflexionar sobre si quieres mejorar tu trabajo actual, cambiarlo por otro o incluso, si quieres alzar el vuelo y emprender. Es decir, actuar o, por el contrario…
  • Girar la cabeza y reconocer que éste es tu trabajo y que lo vas a aceptar tal y como es. Vas a seguir haciendo lo mismo pero consecuentemente a tu decisión de girar cabeza y no hacer nada.

 

 

Ojo, cualquiera de las dos es aceptable, es más, quien soy yo para hablarte del bien y del mal. En ambas se toma una decisión y lo más importante es ser consecuente con ella. El hecho es, que parado viendo la habitación desordenada no vas a hacer nada y tu desmotivación crecerá por momentos, haciendo que cualquier pequeña cosa desate en ti un mayor desazón.

 

¿Has decidido actuar?

 

Me encanta tu elección, sabía que eras un valiente.

 

Ahora vienen los peros, no me los digas tú, ya te los digo yo: Tienes obligaciones, tanto personales como económicas, tienes familia o no, tienes hipoteca o un préstamo personal, un nivel de vida, una reputación y bla, bla, bla…

 

Lo que tienes es miedo, ¿sí? Lo sabía, ¡no pasa nada! Es normal, el miedo además es muy listo y da a cada uno dónde más le duele, su misión es paralizarnos y no dejarnos actuar, pero si te enfrentas a él saldrás fortalecido, te lo aseguro.

 

No va a ser fácil, lo primero de todo es sentarte y hablar contigo mismo, hacerte preguntas y tener el valor a responderlas y trazar tu plan (aquí tienes cómo empezar).

 

Igualmente, tengas la situación que tengas, es muy probable que la gente diga que estás loco y les cueste alentarte en tu nueva misión. Te aconsejo que crees una barrera inquebrantable para que todo lo que te digan, aunque sea con amor, no penetre en tu interior y puedas seguir adelante.

 

Venga, no tengas dudas, aprovecha la situación que estamos viviendo. Tú y yo sabemos que el trabajo, como antes se conocía, ya no existe. La maravillosa estabilidad se ha esfumado a la vez que los bancos jugaban con nuestros ahorros.

 

Ponte manos a la obra, mejora tu empleabilidad ya sea para mejorar en tu empresa, para buscar otro trabajo o para dar un giro de 180 grados a tu mundo profesional, para trabajar para tí o para otros.

 

El objetivo es buscar la razón que te mueva, en definitiva, es motivarte.

motivarse

 

Ya has dado un paso adelante, no hay vuelta atrás, has emprendido un viaje que te hará más fuerte y que te ayudará a entender qué es lo que quieres en la vida, porque estar desmotivado por el trabajo ya sólo depende de ti.

 

Has decidido entrar y recoger la habitación, así que dale duro valiente.

 

Te has atrevido y eso es un gran paso.

 

Nerea Montañés

#YoMeAtrevo

 

 

Compártelo  

Deja tu comentario

Tu correo electónico no será publicado. Los campos obligatorios estan marcados con un *